Pulowi de mar y Pulowi de tierra
Eeshi wanee wayuu kusina, olojui irama washiru,
kepiashi Ouitpanajachi…
Había un indio kusina
rico y gran cazador de venados,
vivía cerca de la montaña Ouitpana,
tenía tres niños.
Aquél cazaba venados
pero también corzos, zorros, osos hormigueros, iguanas,
traía miel.
En su casa comía los frutos silvestres;
su mujer les quitaba la piel
luego los raspaba y los ponía a secar.
Del venado y de otros animales
ella hacía guisados y cecina.
Esos guajiros no conocían el hambre.
Sus taparrabos estaban hechos de piel de venado,
el suyo, de correas tejidas,
el de su esposa, de piel cosida, muy delicada.
El hombre partía a cazar muy temprano en la mañana,
a veces traía dos venados, a veces tres.
Todos los días, todos los días
mataba gran cantidad de venados;
le gustaba mucho cazar.
Pero una mañana no halló nada.
Los venados se habían escondido
los corzos se habían escondido
las iguanas, los lagartos se habían escondido
Regresó cuando apareció Jolotsü, el planeta Venus,
con hambre, con sed.
Todos los animales se habían retirado.
Pulowi los había llevado con ella.
Esto duró muchos días.
Sus niños morían de hambre,
la mujer cocinaba la grasa que le quedaba
hacía cocer las pieles de venado,
luego las masticaba
y les daba de comer a sus hijos.
El hombre iba al monte con su hacha
en busca de miel.
Pero no había nada de miel ya,
aquel no veía nada, nada de nada.
Todo había desaparecido.
Esto duró tiempo, mucho tiempo.
–¿Qué puedo hacer ahora? –dijo el hombre.
Buscaba los cáctus-candelabros cargados de brevas.
Se iba para pasar la noche;
si los venados se aproximaban para comer las frutas
los flecharía.
–¡Voy a ir a dormir allá!
No volveré hasta no haber cazado.
¡Cuenta los días que me ausentaré!
Si no cazo nada
no volveré nunca más.
No quiero ver más a mis hijos con hambre
–dijo el hombre a su esposa antes de irse.
Fue a Oulekimana, cerca de Ouisimalu,
hacia una tierra Pulowi;
la luna estaba alta
la noche estaba en calma.
Llegado allá
se escondió en medio de los candelabros
provisto de flechas.
Pronto un gran venado blanco vino hacia él;
tenía inmensos cuernos
en los cuales anidaban dos pájaros seruma.
«¡Helo allí!
¡No importa lo que sea, lo voy a flechar!
Aunque se convierta en serpiente en el suelo
aunque sea wanülü
lo comeré.
Aunque encuentre en su lugar una muchacha extendida,
lo comeré
¡ya que para mí es un venado!».
El venado se puso a comer los frutos del cardón,
el hombre preparó sus flechas
le lanzó una.
El venado dio un brinco y huyó.
Fue a caer muy lejos
con la flecha bien hundida en la espalda.
El hombre tiró de nuevo
le alcanzó a la pata.
El venado se desplomó
el hombre se precipitó
pero antes de tener tiempo de alcanzarlo
el venado partió de nuevo
con las dos flechas.
Fue a caer más allá,
el cuello replegado por encima del cuerpo.
«¡Esta vez va a morir!».
El hombre tomó un palo para rematarlo
pero una vez más
el venado se incorporó antes que el hombre llegara hasta él.
Se puso a correr en zig zag.
Habiendo partido de nuevo en su persecución,
el hombre lo seguía de cerca.
De pronto
el venado penetró por debajo de una piedra;
el hombre se precipitó en su persecución
el venado se despeñó
el hombre cayó detrás de él…
Ahora el venado reposaba bajo un tejadillo,
tenía forma humana.
El hombre estaba de pie cerca de allí.
De todas partes salían muchachas
y mujeres;
había gran cantidad de ellas.
Algunas tenían los cabellos muy cortos
otras más largos,
otras tenían cabellera muy larga
que descendía hasta las rodillas.
Todas llevaban muchísimos collares…
«¿Es este mi hermano? ¿Es mi primo materno?
¿Es este mi padre o mi tío paterno?
¡Él me lo dirá cuando me cuente su historia!
Cuando la sombra esté más larga,
iré a hablar con él».
–¡Por el momento ve y tráele una hamaca!
–dijo Pulowi a las que la rodeaban.
Alrededor de ella estaban reunidas muchas mujeres.
Ellas trajeron una hamaca de maguey
para el guajiro que acababa de llegar.
Dos de ellas la colgaron…
–¡Acuestate!
Ellas desplegaron la hamaca.
El hombre se extendió,
guardó sus flechas de metal
colocó el arco en medio de sus piernas.
Tenía mucha hambre.
Se le trajo fríjoles en un plato grande.
Aquél se negó a comer.
Se le ofreció una patilla,
no quiso probar.
Se le trajo maíz tierno,
lo rechazó.
Se trató de probar con el maíz molido y con queso.
¡Nada que hacer!
–¿Qué quieres comer tú?
Ahora estás con nosotras, ¡no sufras más!
Ya que no tienes mujer aquí
serás nuestro marido
–dijeron las jóvenes al guajiro.
–¡No he venido a buscar mujeres!
He venido a ver si puedo ser salvado.
¡Eso es lo que quiero! –respondió.
Las muchachas que veían al hombre
eran las corzas.
Lo que tomó por mujeres
eran los venados, los conejos, los zorros…
«¿Dónde están los corrales de ganado de estas mujeres tan ricas?»
El hombre miró alrededor suyo,
vio los parques, muchos parques
los unos llenos de ovejas
los otros de cabras
otros de vacas.
Los otros reservados a las mulas y a los caballos…
había gran número de ellos…
Al atardecer Pulowi salió.
El guajiro vio llegar a una mujer rica, inmensamente rica.
Llevaba joyas en los tobillos,
y cadenas de oro en las muñecas.
«¡He allí a Pulowi! ¡Es ella!
¿Qué me va a ocurrir?
¡Tanto peor, haría cualquier cosa,
no quiero ver sufrir a mis hijos!».
–¡Sí, yo soy Pulpero no las había sino alrededor de la casa…
más lejos, en la maleza, habían desaparecido.
Allá el hombre no sabía qué hacer.
Tenía mucha hambre
pero si hubiese comido la patilla
se habría convertido en conejo.
Si hubiese comido los fríjoles, el maíz
se habría convertido en venado.
Habría sido el marido de las ciervas.
A causa del hambre
su corazón no tenía más fuerza.
Con él había llevado tabaco,
tabaco yüi makuira,
del tabaco que utilizan los chamanes.
Estaba en un estuche
colocado en el saco tejido que llevaba en el brazo.
El hombre lo sacó
cortó un pedazo pequeño
y se lo puso en la boca.
Lo masticó
le bebió el jugo
sintió que uno de sus brazos se dormía.
«¡Es eso lo que le ocurre a los chamanes!», se dijo.
Mascó otro pedazo.
Retuvo el jugo en la boca.
¡Sulum! ¡Sulum! ¡Sulum!…
Lo escupía en el aire.
En seguida los venados se pusieron a correr,
por aquí, por allá, en todas las direcciones.
Aquellos que antes habían sido mujeres
se volvieron de pronto conejos, venados…
solamente por el olor del tabaco yüi makuira.owi! ¿Qué quieres tú de mí?
Sin haberlo escuchado,
ella sabía lo que el guajiro había dicho.
–¡Voy a llamarte «hermano menor»!
Parecerías muy viejo, muy feo,
si te llamara «hermano de mi madre»
–añadió.
Hablaron mucho tiempo juntos.
Dos días pasaron así.
La esposa del guajiro lloraba.
–¿No será que le ha ocurrido algo?
¿No será que se ha perdido?
–se preguntaba.
Partió en su busca
siguiendo sus huellas,
–¿Qué es lo que huele tan mal? –preguntó Pulowi.
El olor había llegado hasta ella.
–¡Lo que huele mal es tu hermano menor!
–dijo una venadita.
Pulowi envió en busca del guajiro.
Tenía miedo de él,
porque el olor del tabaco yüi está prohibido a las Pulowi,
les es muy nefasto
tiene contra ellas poderes sobrenaturales.
–¿Qué tienes en la boca, hermano menor?
–Pulowi hablaba desde un tejadillo,
tenía miedo, no se acercaba a él–.
Para que cese de hacerme mal
te voy a volver a llevar
pero en bella forma.
Te daré un traje y un buen cinturón
te daré zapatos
te daré una cabalgadura
te daré buenas joyas.
He aquí lo que haré por ti…
yo sé que tienes tres niños
una muchacha, un joven y un niño pequeño.
Conozco a tu esposa,
te haré conducir donde ella…
Sin embargo he perdido mucho ganado por tu culpa;
los jóvenes, los viejos se perdieron.
Quien te ha traído aquí es uno de mis primos maternos,
helo allí.
Las flechas que le lanzaste no quieren salir.
¡Anda a extraérselas!…
Pero ya el olor del tabaco makuira incomodaba a Pulowi.
–¡Parte inmediatamente! –le dijo–.
¡Pero cuidado!
Ni digas:
«Vengo de donde Pulowi».
No cuentes lo que has visto aquí
si quieres seguir siendo lo que eres,
guarda el secreto por el tiempo de un año.
Si dices lo que te ha ocurrido,
ya no te ayudaré.
De otra manera, cuando tengas necesidad
te enviaré animales que podrás comer.
Pulowi dejó partir al guajiro.
Aquel emergió al lado de los cardones columnares,
cerca de donde había desaparecido.
A sus pies dos venados se acoplaban
entonces los flechó y llevó consigo.
Ya el corazón del hombre latía con más fuerza.
Cargado de presas llegó a su casa,
era ya tarde.
Cuando su esposa lo vio venir se puso a llorar.
–No llores mi regreso.
Solamente me he quedado dormido
porque no encontraba nada.
¡No llores más, y prepara el fuego!
La mujer encendió fuego.
El hombre despedazaba los venados
sus hijos dormían en el mero suelo, sin hamacas,
tristes y hambreados.
Al día siguiente, antes del alba,
el hombre partió a cazar;
trajo un venado.
A mediodía volvió a irse,
regresó con un corzo…
Esto lo hacía todos los días.
Iba a sentarse allá,
cerca del lugar donde habitaba la Pulowi.
Aquel no la veía,
pero para él los animales se callaban,
los animales que se encuentran en las tierras pulowi.
Todos los días el hombre venía con la presa,
pero él era el único en encontrarla,
sus parientes no cazaban nada ya.
Este alimentaba a toda su familia,
a unos les daba una espalda, a otros una pata…
pero ellos no encontraban jamás nada.
Solo él encontraba la miel
los conejos, los zorros
y todos los animales que comen los guajiros.
Sin embargo un día, mucho más tarde,
el hombre desapareció de nuevo
con su mujer y con sus hijos.
Se escondió bajo la tierra
como la primera vez.
Se dice que sale a veces
bajo la forma de un venado blanco.
Se le llama Kato’ule, «El que tiene mucho cuero».
Por sus largas huellas
se sabe que se trata de él.
Puede tomar apariencia humana,
flecha a los perros
amenaza a los hombres.
Se ha convertido en wanülü.
Allá, alrededor de la pulowi de Ouisimalu
se ven hoy día unas vacas.
Estas son de piedra
pero son animales de Pulowi.
Se ven los toros acostados
con sus cuernos que son de piedra.
Ellos están encercados los unos contra los otros
en el suelo duro como la piedra.
Hay monturas de caballos, hierros para marcar el ganado
hoy hechos todos en piedra,
porque Pulowi es muy rica.
Su casa parece la habitación de un alijuna rico
está hecha de varias construcciones juntas
todas en piedra.
Como todas las casas, tiene una puerta,
es un agujero entre las piedras.
Pulowi habita debajo…
Allá, en ese lugar crecen muchos árboles juluwa
y viven innumerables iguanas
colibríes en gran cantidad
y toda clase de animales salvajes.

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